miércoles, 31 de diciembre de 2014

LA GRAMÁTICA DE LAS CIGARRAS - SARA OTERO DEL AMO

OPINIÓN: Vaya por delante que no soy un gran lector de poesía; podría decirse que ni siquiera soy lector de poesía. Vaya también por delante que conozco a la autora y que he tenido la suerte de que me haya regalado el libro. Vaya finalmente por delante que si hay algo sincero en mi vida es este blog, casi anónimo, el cual cerraría antes de traicionarlo.
El poemario comienza con una pieza denominada El don inaugural que funciona a modo de obertura; supone el despertar del día, del don, del poeta, del libro, en esta hora blanca / en que el mundo imaginario / y la conciencia / se hacen un nudo"
Tras ello, la poeta se enfrenta a cinco partes: Luz biodegradable, La luz del fotógrafo, Luz de gas, Tres gatos y, finalmente, Tu luz.  A través de ellas, la autora va desarrollando su temática y estética para finalizar con otro poema suelto, llamado Cumpleaños, en el que la autora, en su trigésimo cumpleaños, afirma que Pocas cosas se esconden en este cuerpo / sobre las que el tiempo no haya vertido ya / su luz y su sombra  y también  la alegría de encontrarme en el intento / de conquistar la avidez de esta sangre / que empuja / tanto como ya ha perdido.
Como decía al principio no soy lector de poesía y no puedo decir si la obra me parece buena o mala porque no tengo la formación suficiente; pero lo que voy sí puedo decir es si me ha gustado o no y razonar mi opinión desde la subjetividad de mi persona.
Me ha gustado por el agradecimiento, nunca suficiente, a una generación de mujeres abnegada a la que le tocó vivir en un momento histórico no demasiado favorable (eufemismo) para ser mujer; esto se traslada a la poética de Sara Otero a través de imágenes tan sugerentes como devoramos puntillas, / somos / un manantial de alas rotas / ante nidos vacíos (I-I) o Construían el paraíso / como se construyen las cosas que arden, / con las uñas (I-VI)
Me ha encantado el poema II de Luz de gas (parte  III), donde la autora habla de su aldea, donde no hay mística / más allá del altar de los domingos, / la fe es un muchacha / que anda en bicicleta. El poema entero me ha encantado desde el inicio con la alusión a Heráclito, hasta el final con esa imagen un tanto opaca (para mi) que es el mar / es un río que trabajan los panaderos. En este poema se pueden entrever algunas de las claves de toda la obra: la aldea vinculada a la infancia como territorio duro pero feliz y perdido, el paso del tiempo y la llegada a la madurez, la ausencia y la pérdida:  y silbo enloquecida / el estribillo de los timbres / de las bicicletas...  (I-I).
Aprovecho esta última reseña de 2014 para desearos lo mejor para el nuevo año; que no sólo os traiga salud sino que también os otorgue mucha magia: que nombres se junten con adjetivos con los que nunca hubiéramos imaginado que maridarían y que se les unan verbos y adverbios para darles movimiento y vida,  y así poder luchar contra la malnutrición de belleza / con que algunos días / insisten en amanecer (IV-VI). Feliz 2015.