domingo, 4 de diciembre de 2016

TEATRO // HAMELIN

OPINIÓN:
Muchas veces nos ha pasado que leemos una novela y más tarde vamos a ver la adaptación cinematográfica, la cual normalmente nos decepciona. Aunque digan que una imagen vale más que mil palabras, en la película suele haber menos riqueza que en la novela; o, por lo menos, esa es la sensación con la que suelo salir yo del cine.
En este caso, leí primero parte de Hamelin y luego fuimos al espacio Modus Operandi a ver la representación a la que se puede asistir  hasta el 18 de diciembre.
 El resultado es esta reflexión: ¿Qué aporta el actor a un texto teatral?  Así como en una adaptación cinematográfica se escribe un guión partiendo de la novela, en una representación teatral se representa el texto escrito con exactitud o con pocas variaciones.
Siempre desde mi subjetividad creo que la entonación de algunos actores ha sido algo plana y la de otros algo afectada (tercera acepción de la palabra entonación según la RAE: 3. f. Movimiento melódico con el que se pronuncian los enunciados, el cual implica variaciones en el tono, la duración y la intensidad del sonido, y refleja un significado determinado, una  intención o una emoción). Lo mismo ha sucedido con la expresión corporal.
Después de ver esta representación he llegado a la conclusión de que un actor puede potenciar o atenuar la complejidad del personaje, lo cual es muy peligroso a la hora de enfrentarse a un texto de Mayorga, donde los personajes son todo menos planos. Más allá de calificativos, de hacerlo bien o mal, me han interesado los resortes que enriquecen o empobrecen un texto.
Por otro lado, el hecho de representar una obra en una sala de 10x5 (siendo generosos), con un aforo máximo de treinta personas tiene mucho mérito; el actor puede oír cualquier movimiento del público y sentir en tiempo real su reacción; más si cabe teniendo en cuenta que el espacio dedicado al escenario y a las butacas (sillas en este caso) coincide.
  Montero recrimina a la prensa que están haciendo literatura y no presentando los hechos, pero él mismo está haciendo literatura mental en el caso Josemari; Montero cuestiona a una familia desestructurada cuando la suya se deshace lentamente; Montero cuestiona si su intervención ha terminado con un equilibrio en el que más o  menos todos eran felices para llevar la infelicidad al barrio... Leed a Mayorga.